Santa Cruz de Tenerife y el eje del mal. Domingo Garí

El eje del mal es una expresión bien asentada para hablar de la política internacional. Fue inventada por David Frum, quien escribía los discursos a G.W. Bush cuando EE.UU. se estaba preparando para invadir Irak. El eje del mal lo constituía originariamente Irak, Irán y Corea del Norte. En realidad, no tenía ninguna lógica y reunía países que solamente poseían en común su enemistad con los Estados Unidos. Posteriormente, fueron añadidos al eje Libia, Siria y Cuba. Más tarde, Bielorrusia, Myanmar y Zimbabue. La lista ha seguido creciendo y ahora incorpora a Rusia y a las organizaciones armadas Hamás y Hezbolá. Irak, Libia y Siria han sido destruidas por los EE.UU. Sobre Cuba se ha intensificado el cerco y, ahora, Rusia está atrapada en un enfrentamiento militar contra la OTAN tras la invasión de Ucrania.

Como se puede apreciar, claramente, el eje del mal en la política internacional es poco coherente. No tiene más propósito que derrotar y destruir a todos los países que Estados Unidos considera sus enemigos, independientemente de las dinámicas de cada uno de ellos. Si alguna vez llegan a constituir un verdadero eje cohesionado será el resultado de las agresiones recibidas por un mismo enemigo común.

En Santa Cruz de Tenerife, sin embargo, sí tenemos un verdadero eje del mal coherente y con lógica interna. Es un eje simbólico que muestra el poder desmedido que ha tenido la capitanía general en la isla. Atraviesa la ciudad de suroeste a noreste y une tres puntos en una línea transversal. Barriada García Escámez-plaza Weyler-monumento a Franco.

Eje del Mal.

 

 

Weyler y víctimas cubanas de los Campos de Concentración.

Santa Cruz es una capital de provincia y cocapital de la comunidad autónoma que no ha podido dejar atrás toda la parafernalia representada por el virreinato militar. El centro del eje del mal está situado en la propia capitanía general y en la plaza Weyler. El conjunto urbanístico que se encierra en esa cuadrícula, por la que suelen desfilar en los días señalados los tambores y cornetas de la tropa, enaltece la figura de un genocida y racista denostado allá por donde pasó, excepto al parecer, por Santa Cruz de Tenerife, ciudad que le da un lugar honorífico en el centro de su plano urbano, y le concede el título de marqués. Weyler puso en práctica los campos de concentración en Cuba, llevando la guerra a la población civil y haciendo que en torno a 170.000 mujeres, niños y ancianos, sobre todo negros, sufrieran el flagelo de su ira. Se decía en Madrid que este loco prefería los animales a las personas.

 

Barriada García Escámez.

 

 

Ejército de África y cabezas de rifeños.

El punto del que parte el eje podemos situarlo en la barriada García Escámez. General, legionario y marqués de Somosierra, sí, marqués, debe ser que los marquesados son una querencia en Santa Cruz. Se fogueó en las guerras de Marruecos y, por tanto, formó parte del ejército de África. El ejército que se curtió cortando cabezas a los rifeños, bombardeando con gases químicos a la población civil, y llevando a cabo operaciones coloniales de brutalidad extrema que luego aplicó en la guerra civil española, incluyendo violaciones masivas de mujeres republicanas y exterminio de pueblos en su travesía de Pamplona a Madrid. García Escámez es un excelso representante de los militares lumpen que constituyeron la base principal del ejército fascista.

Durante la guerra civil participó bajo las órdenes del general Mola, principal cabecilla de los militares en rebeldía. Al finalizar la guerra fue nombrado gobernador militar de Barcelona, una ciudad roja y anarquista que tuvieron que conquistar como si de una operación colonial se tratase. Sus restos descansan hoy en la iglesia de San Fernando situada en la barriada que lleva su nombre, y que forma el punto inicial de nuestro eje.

 

Mefistófeles/Lucifer o, más entre nosotros, Franco.

El tercer punto del eje es el monumento a Franco, en la intersección entre la rambla, que hasta no hace mucho llevaba su nombre, y la avenida de Anaga. El monumento, que fue construido a mitad de los años sesenta para celebrar los veinticinco años de dictadura, es el símbolo más cavernario del fascismo santacrucero y, en torno a su defensa, se ha dispuesto una santa alianza de políticos, militares, jueces y organizaciones afines de la sociedad civil. Como no se ha tenido la valentía suficiente para deponer al jinete de su caballo, varias operaciones de enmascaramiento se han puesto en marcha. La más surrealista de todas fue la de cambiarle su nombre oficial pasando a llamarla el Ángel Caído, es decir, que hoy la ciudad tiene una estatua, fea como el demonio, todo hay que decirlo, dedicada al mismísimo satanás. Tiene su lado irónico y poético el asunto de que finalmente se haya emparentado al nacionalcatolicismo, que promovió una guerra civil contra el ateísmo, la masonería y el comunismo, con el peor de los enemigos posibles, míster Mefistófeles.

Esto sí que es un verdadero eje del mal y no las boberías sin sentido del cowboy G. W. Bush.

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